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kanaima

En ese justo momento

Llevaba un libro sobre Gramsci y escuchaba música. La mujer debió de colarse por delante mía en la cola del bus, no se, no me dí cuenta. Cuando se sentó me miró y me pidió perdón en una mezcla de árabe y castellano. No habría pensado en nada más si en la mañana no hubiera leído más noticias sobre inmigración y muertes y no estuviera escuchando en ese justo momento esa justa canción de El último ke zierre:

Ay que pena,
que las aguas del estrecho no callaran
cuando cruzó por ellas la vida y la esperanza,
que la luna no alumbrara,
las estrellas no brillaran
ni cegara las miradas de los perros de la playa
y que sólo la mañana delatase sus pisadas,
no sufrir más la vergüenza de sus cuerpos en la arena.
¿Sabes tú, vecino, de cuántos muertos hablarán mañana?
¿Sabes tú, vecino, de cuántos muertos hablarán mañana?
Dime, ¿cuántos hacen falta para hacernos vomitar?
Dime si apenas te importa que todo siga igual,
dime si apenas te importa.
Dime lo que ya sabemos y no queremos ver,
dímelo hasta que me importe y no me deje comer,
dime lo que ya sabemos.
Que no hay agua pal sediento,
que no hay paz pa quien la anhela,
que no hay sombra, que no hay pan,
que no hay techo ni trabajo en esta casa cristiana,
en esta casa cristiana.
Que tu casa está cerrada
a los vientos de poniente,
que no quieres más aromas,
que tu casa está cerrada.


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1 comentario

Zenia -

Rotunda cancion. El Sur huye al Norte. El Norte debería mirar diferente al Sur.
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